miércoles, 31 de octubre de 2012

Crónica de una ocupación

Mujer y niño en la orilla del mar, Pablo Ruiz Picasso. 1921

Al principio fue mi dormitorio. Ocupaste ese espacio en silencio, me inoculaste tu ritmo y me hiciste tuya. Después extendiste tus dominios al salón: la hamaca para tus siestas estivales, la manta de juegos desplegada sobre la alfombra y, sobre todo, tus juguetes, tu batallón de juguetes dispersos por doquier. Continuaste por la cocina: un día presencié cómo instalabas una trona (Bon jour, mon ami) junto a la mesa del desayuno y desplazabas todos los enseres para colocar tu novedoso ajuar de baberos y biberones. Más tarde aprendiste a gatear por los pasillos para explorar así el resto de la casa. Hace unos días te quejaste de las reducidas dimensiones de tu bañera, por lo que decidiste ocupar la mía, mi único reducto, mi bastión inexpugnable.

Pero a todo me acostumbro. Ahora fabricamos juntos pompas de jabón.


Ana Isabel Trigo / enero 2012

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