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sábado, 25 de enero de 2014

Matinal

Hoy me he sentado a escuchar tu risa.
Pongo atención, compruebo tus avances semánticos
mientras Dora la Exploradora inicia otra aventura.


Se desploman las piezas de Lego en un descuido
y acometes la empresa de construir
un buque como te enseñó el abuelo.


(Todo me llega nítido.
Sólo debo cerrar los ojos para ser tú:
percibir el entorno con la emoción primera.)


Dices que se ha perdido el Bebé Oso.
Lo buscas con afán por los rincones de casa.
¡Aparece al fin!, das un grito, corres a mi encuentro:


                                                      ¡Mamá, mi oso! ¡Mamá, mi oso!


Aplaudo tus proezas y te pido otro beso.
Enseguida te marchas entre saltos de júbilo...
Pero siempre se queda junto a mí
 
                                                        tu risa.


Ana Isabel Trigo Cáceres / enero 2014








sábado, 22 de junio de 2013

Florabras

Cuando las flores
hablan
       y hablan
              y hablan,
no dicen
palabras,
dicen florabras.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001


El sitio de la flor


Las flores
en un ramo
tienen amo.

En un florero,
carcelero.

Junto al río,
libre albedrío.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001


Suma de ecos


Del fondo de una granada,
hada,
que también era princesa,
esa
que desayuna manzana,
Ana
es su nombre y vive en vilo,
hilo
para zurcir terciopelo,
pelo
con coleta bien peinada,
nada
entre jugos de frutal,
tal
hada infeliz, ¡oh, sorpresa!,
presa
del fondo de una granada.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001

Del uno al cinco


A la una,
el hueso de la aceituna.

A las dos,
las hojitas de la col.

A las tres,
las agujas del ciprés.

A las cuatro,
pie de gato.

A las cinco,
las flores de mi jacinto.

Salto
y brinco.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001

Las hojas de otros libros


Las hojas de los libros
de la tortuga,
son de lechuga.

Las hojas de los libros
de la cigarra,
hojas de parra.

Las hojas de los libros
del caracol,
hojas de col.

Del calamar,
algas de mar.

Del ermitaño,
de castaño.

De la lombriz,
de regaliz.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001



Historia de una hoja


Es la historia
de una hoja
que cuando llueve
se moja.

Llueve
y se moja.
                Llueve
                y se moja.
                                Llueve
                                y se moja.

¡Como se moje otra vez,
se va a convertir en pez!


Esta historia del revés

... Pero el pez,
si des-llueve,
se des-moja...

           Se des-moja,
           se des-moja,
           se des-moja...

¡Y otra vez
vuelve a ser hoja!


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001


Lo que dura un cuento


El cuento
de los castaños,
dura muchos, muchos años.

El cuento
de los cipreses,
meses.

El cuento
de la manzana,
dura toda la semana.

El de la judía,
un día.

El de la mora,
una hora.

El del guisante,
un instante.

Y el de la granada,
nada.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001



Las estaciones de la hoja


Primavera,
hoja primera,
hojita volatinera.

Verano,
besa la hoja la mano
al fruto temprano.

Otoño,
vals de la hoja
que el viento arroja.

Invierno,
hojitas de ensueño
eterno.


Antonio Rubio
Versos vegetales
Editorial Anaya, 2001

miércoles, 27 de marzo de 2013

El pez




Al pez se le antoja
sentarse en la orilla,
el agua le moja
hasta la rodilla.
 
Canción popular cubana

viernes, 22 de febrero de 2013

El cuarto de jugar

 



¡Ay, todo lo que sabes
no te lleva a acertar
dónde estarán las llaves
del cuarto de jugar!
-Te oigo desde muy lejos,
¿dónde estás?, no te veo.
... Por favor te lo pido,
dime si este rodeo
lleva a los juegos viejos.
¿Dónde te has escondido?
-Calla, no vale hablar.
Paredes a los lados
que palpas al azar
con los ojos vendados,
no vale tropezar,
escalones gastados,
uno par y otro impar.
-¿Voy dormida o despierta?
¿Es subir o bajar?
-No preguntes y acierta.
El caso es encontrar
nuevamente la puerta
del cuarto de jugar.
-Jugar... jugar... jugar.
Jugábamos a un juego
que siempre iba a durar.
De lo que vino luego
no me puego acordar.
A la gallina ciega,
a las adivinanzas,
al corro, al veo veo...
¿Y ahora a qué se juega?
¡Son tantas las mudanzas!
Me pierdo, me mareo...
-Pues, hija, el que no atienda
y se empiece a quejar
ese pagará prenda.
Es juego de no hablar,
de ponerse la venda.
Tú sigue sin mirar,
que tal vez esta senda
desemboque en el cuarto de jugar.


Carmen Martín Gaite
Poemas. Círculo de Lectores. 2001

Escondite inglés




Una, dos y tres,
escondite inglés,
a esa niña de rojo
ya no la ves.

Jugaba con naranjas,
les mordía el zumo,
arrancaba tomillo,
niña de humo.
Baja a la calle,
vuelve a subir,
las estrellas la miran,
no se quiere dormir.

Cuéntame un cuento,
cuéntame ciento,
dame la mano,
se la llevaba el viento
de aquel verano.

Una, dos y tres,
escondite inglés,
a esa niña de rojo
ya no la ves.


Carmen Martín Gaite
Poemas. Círculo de Lectores. 2001

Pídeme que esté alegre



Aún me entra cielo azul,
y lo miro en mis charcos
reflejado a jirones.

Pídeme que esté alegre.
Si tú me lo pidieras,
en un caballo blanco subiría,
en un caballo bravo y montaraz.

Pídeme que esté alegre
y correré a ponerme
atavíos de fiesta,
abriré las cien puertas de mi casa
y saldré entre piruetas
y saltos de través
aturdida de sol,
y a las verdes palomas
daré migas de pan.

Pídeme que esté alegre.
En un caballo blanco correría,
en un caballo loco y montaraz,
si tú me lo pidieras.


Carmen Martín Gaite
Poemas. Círculo de Lectores. 2001

jueves, 1 de noviembre de 2012

Los números



Me gusta la generosidad de los números.
La disponibilidad, por ejemplo,
que demuestran para contar
personas o cosas:
dos pepinillos, una puerta de habitación,
ocho bailarinas engalanadas como cisnes.

Me gusta la docilidad de la suma
-añadir dos tazas de leche y batir-,
su sentido de la abundancia: seis ciruelas
en el suelo, tres más
cayendo del árbol.

Y la tabla de multiplicar
peces por peces,
sus lomos plateados reproduciéndose
bajo la sombra
de un barco.

Ni siquiera la resta representa una pérdida,
sino incorporación a alguna otra parte:
de cinco gorriones echaron a volar dos,
los dos están ahora
en otro jardín.

Hay una amplitud en la división,
cuando abres la comida china
cajita a cajita,
y dentro de cada galleta de la suerte
aguarda una nueva fortuna.

Y nunca dejaré de sorprenderme
por el regalo del resto,
liberado al final:
cuarenta y siete dividido entre once es igual a cuatro,
y quedan tres.

Tres niños a los que llaman sus madres,
dos italianos haciéndose a la mar,
un calcetín que no está dondequiera que busques.


Mary Cornish

Árbol y poema

Ilustración: La casa infantil

Aquí hay un árbol:
el viento canta poemas sin palabras
en su ancha corona.
que el destino del árbol es ser papel:
un papel que añora palabras
una palabra que añora estar en el papel
una palabra que añora poder traer un poema
un poema no escrito que añora su primera palabra
un poema que añora su poeta
Pero también sé
que el poeta sufre
cuando talan el árbol para hacerlo papel.


Maria Wine (Suecia, 1912-2002)
Nattlandia, 1975. Traducción de Justo Jorge Padrón

La poeta se muestra a sus alumnos


Ilustración: Claire Barone


La poeta
por mostrar su rostro
rompe su careta.

Su vestido
un poco arrugado
de tiempo perdido.

Sus zapatos
sandalias muy altas
para brincar alto.

Su comida
un pez-sol- dado
que le llene el día.

Su habitación
una cama chica
donde quepan dos.

Su secreto
cocinar las letras
con sabor a beso.

Su mirada
devuelve a las nubes
pestañas mojadas.

Su cabeza
siempre está pensando
en niños de fresa.

Su salario
unos pocos euros
para todo el año.

Su temor
que se acabe el tiempo
de hacer el amor.

Y su vida
hojas plateadas
volando deprisa.


Marisol Huerta Niembro

viernes, 1 de junio de 2012

La canción de los dientes


Ilustración: Susana Hoslet


Samuel tiene dos dientes
y otros hay en camino,
son pequeños y nuevos
¡con un filo tan fino!

Son dientes muy valientes
que juegan a morder,
incisivos, caninos...
con ganas de crecer.

Y le pica la boca
porque empujan los dientes
en las blandas encías
como un volcán urgente.

Un pulso irregular
que duele mucho rato,
y siempre se le calma
si duerme como un gato

o sueña con las nubes,
que son más de tres mil:
en sueños las atrapan
sus dientes de marfil.

Son dientes pequeñitos
que juegan a morder,
incisivos, caninos...
¡con ganas de crecer!


Ana Isabel Trigo Cáceres / junio 2012

viernes, 23 de marzo de 2012

El nieto

Tenemos un nietecillo
que se parece a un clavel,
tan bueno y juguetón
y le llamamos Samuel.

La abuela siempre pendiente,
los dos loquitos por él;
le gusta mucho el columpio
y el carrito con luces también.

Cuando pasan unos días
y no sabemos de él
nos falta como el aliento,
no se puede comprender.


Manuel Trigo de la Cruz

lunes, 12 de marzo de 2012

El primer diente

Bebé. Jesús de Perceval. 1947


El primer diente:
un grito de azahar
en el origen.

Dolor primero
que después multiplica
la herida blanca.

En la frontera
de la voz y el silencio
crece un milagro.

Hiende la encía,
avanza con sigilo:
el primer diente.

Ana Isabel Trigo Cáceres / marzo 2012